7 preguntas para detectar si utilizas el trabajo como un parche emocional

A nivel personal, me encanta el mundo de la alimentación y la nutrición. Durante años me he estado formando en esta temática y he asesorado a un montón de profesionales del sector (así fue como escribí Lovely Marketing. Estrategias para health coachs, nutricionistas y otros profesionales que luchan por un mundo más sanote) y así ha sido como aprendí el concepto de “hambre emocional”: cuando la comida sirve para rellenar desajustes emocionales.

Lo mismo se puede aplicar al trabajo al 100%. La gente está utilizando el trabajo como vía de escape a sus necesidades emocionales, reproduciendo las relaciones tóxicas del ámbito personal en el área profesional (Compártelo en Facebook o Twitter):

  • Mi jefe no me motiva.
  • Mis compañeros de trabajo son lo peor.
  • No me siento realizado…

Buscamos fuera aquello que no encontramos en nuestro interior.

Te voy a mostrar un ejemplo.

A nivel consciente, yo no motivo a mi equipo. No creo que sea mi trabajo como “líder” o jefa; creo que mi labor es inspirar, estar al día de los números y marcar la estrategia empresarial, tener visión de futuro, abrir espacios para opinar y escuchar… pero no hago nada que no haga en mi vida privada. Simplemente, soy yo misma, y, como me siento feliz, realizada, plena… es contagioso. Mira esta foto que colgamos en nuestro Instagram hace un tiempo: un mensaje de un miembro de Txell Costa® Group que lleva colaborado conmigo 7-8 años:

El Working Happy que predicamos sea ha hecho más y más fuerte con el tiempo:

  • Me conozco mejor y acepto que no puedo gustar a todo el mundo, ni a clientes ni a equipo. Por eso no pasa nada si alguien no escoge nuestros servicios o alguien del equipo se va: cada maestro tiene sus alumnos y es ley de vida.
  • Tal y como soy, ya soy estupenda. Igual que tú. Esto no es una carrera de obstáculos donde cada día tienes que ser mejor y superar una prueba. La vida va de disfrutar e ir construyendo una mejor versión de ti a base de aprendizajes y experiencias. No tengo que ser perfecta ni demostrar nada a nadie, no hay expectativas ni presión.
  • Ser “jefa” no es sinónimo de ser inmortal ni de pretender ser alguien que no soy: tengo mis puntos flacos, no nací enseñada, y la gente del equipo lo sabe y lo acepta.
  • Los jefes no son “salvadores del mundo”. Dejé un trabajo fijo súper bien pagado porque sentía un vacío. El vacío no estaba en el trabajo: estaba dentro de mí. Dejé otro trabajo porque el jefe “era un ogro” y “no me pagaba lo que me merecía”: el problema lo tenía yo, que no sabía poner límites ni me respetaba lo suficiente. Era una relación tóxica de dependencia que yo permitía. Además, yo era la primera que no daba suficiente valor a mi trabajo, cargándome de más responsabilidades y obligaciones como si todo dependiera de mí y haciendo jornadas maratonianas porque “no me daba la vida”, terminando a las tantas totalmente drenada e insatisfecha; la inseguridad y el miedo me paralizaban para hacer cualquier cambio y encontrar una manera de trabajar más saludable, basada en mis fortalezas y estilo de vida. Aquí cada uno “libra su batalla” y, por mucho que me cuidaran mis jefes, nunca habría tenido suficiente. Yo había elegido estar ahí, pero no me estaba responsabilizando de mi vida.

Cuando no tienes una relación sana contigo mismo y con tu entorno, se traslada también al trabajo (Compártelo en Twitter). Inseguridades, envidias, ansiedad o apatía, dependencias, relaciones tóxicas… En la consulta veo gente adicta al trabajo, controladora al máximo, con relaciones abusivas y destructivas con los compañeros de trabajo y con el jefe. O con egos enormes que ocultan grandes inseguridades e incapacidad para volver a su interior y reconocer qué es realmente lo que falla.

Entre todos hemos construido una relación con el trabajo totalmente insana y antinatural.

Estamos desnutridos emocionalmente y pedimos más y más al trabajo (Compártelo en Twitter).

Curramos un montón de horas, pero no nos sentimos realizados.

Si es tu caso, páralo. Toma conciencia y cambia el chip, porque esto siempre acaba en un final muy infeliz: enfermedades, bancarrotas...

 

Qué podemos hacer para detectar que tenemos una relación tóxica con nuestro trabajo, que estamos utilizándolo como un parche emocional.

 

Para y siéntete. Pregúntate:

  1. ¿Qué te aporta tu trabajo?
  2. ¿Trabajas a gusto, sin ansiedad, relajado, seguro de lo que haces?
  3. ¿Trabajas para aportar algo a la vida de los demás… o por reconocimiento o puro intercambio monetario?
  4. ¿Estás obsesionado con tu trabajo, jefe, compañeros… y piensas continuamente en él/ellos, de una manera enfermiza? ¿No tienes control sobre tus pensamientos?
  5. ¿Crees que solo puedes hacer un tipo de trabajo? (Por ejemplo, una de mis antiguas creencias era: “Yo solo puedo trabajar en la radio, así que lo tengo que conseguir sea como sea”).
  6. ¿Sientes el trabajo como algo pesado, sinónimo de “obligación”, “restricción” o “prohibición”?
  7. ¿No haces un cambio en tu vida laboral por razones como el dinero o la falta de títulos?

 

Tú mismo habrás intuido por dónde van los tiros… (siempre he dicho que el trabajo es también una vía de crecimiento personal). Si consideras que tienes una relación tóxica, no neutral o satisfactoria con el trabajo, empieza por cambiar tu vida cada día un poquito. El cambio empieza por ti:

  • Acepta la situación actual, abraza lo que estás viviendo. Sin culpa, ni remordimientos, ni juicios. Todo pasa por el algo, y este es un momento muy importante para trascender estos patrones relacionales tóxicos.
  • Trabaja tu autoestima: cuídate, crea rutinas que te carguen las pilas, vigila tu diálogo interno, rodéate de personas auténticas y que te aporten. No podemos dar lo que no tenemos, así que no podemos esperar que otros nos traten mejor que nosotros mismos. Cuando te sientes fuerte emocionalmente, todo cuadra, porque siempre partirás de unos mínimos saludables.
  • Crea una vida plena. Hobbies, relaciones… ¡somos mucho más que el trabajo!
  • Toma consciencia de cada situación que vivas y actúa en coherencia para no encallarte en la espiral tóxica de malos hábitos en el trabajo: “¿Qué siento? ¿Es lo que quiero para mí?”. Aclara lo que sientes y busca otro camino. Igual que harías con tu hijo o mejor amigo, aconséjate y lidera tus emociones.

 

No dejes que el trabajo sea una excusa para rellenar huecos emocionales personales (Compártelo en Twitter).

Tener un trabajo feliz, satisfactorio y que genere dinero por el valor que aportas no es cuestión de suerte. Es cuestión de autoestima y autoliderazgo emocional (Compártelo en Twitter).

Si necesitas que te acompañemos para construir una relación sana con el trabajo y con el dinero, para que te sientas motivado y con ganas de compartir tu don, tenemos a tu servicio las sesiones de consultoría, especialmente el formato Premium, donde conseguimos encontrar tu propósito de vida y hacer cambios muy muy profundos y perdurables, porque incluye varias sesiones conmigo (no podemos olvidar que una rutina se crea con 21 días de repetición, así que el cambio real es un proceso).

 

Txell

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